sábado, 25 de octubre de 2008

Lamias

Estamos en la semana previa a Halloween, así que voy a subir entradas única y exclusivamente de esta temática.

Así de paso me doy tiempo para hacer la segunda parte de Venecia. Mi viajecito
veraniego estará disponible para vosotros en breve.

En cuanto a la entrada de hoy, debo decir que en principio iba a hablar de los vampiros en general, pero luego me he dicho "Pando, explícales de dónde demonios viene el nombre de tu blog" ¿A que queréis saberlo? Si no es así, lo siento por vosotros porque esto es lo que hay.

¡Muajajaja! Pero que malvadosa soy...


Usualmente, se reconoce a las lamias como las antepasadas de los vampiros, aunque no son exactamente lo mismo.

Como todos sabéis, los vampiros se supone que son criaturas nocturnas que vagan por el mundo chupando la sangre de los vivos, pudiendo matarlos por este motivo. Por su parte, las lamias son criaturas mitológicas caracterizadas por devorar a sus víctimas.

En parte, éste podría ser un punto de relación entre una figura y otra, pero lo cierto es que el vínculo entre ambos no es sino la sensualidad y belleza que caracteriza a ambos. Tanto lamias como vampiros son extramadamente bellos y utilizan precisamente dicha circunstancia para acercarse a sus víctimas bajando todas sus defensas.

La lamia es una criatura muy antigua, conocida en la mitología griega y romana. Su nombre deriva de una reina de Libia con ese mismo nombre.

Ésta era una mujer muy bella, tanto que sobre ella recayeron las miradas de cierto dios algo lascivo, Zeus, que enseguida se enamoró de ella. Pero donde Zeus ponía sus ojos, también los ponía su esposa Hera, que cansada de tanto engaño gozaba castigando a las amantes de su marido.

En esta ocasión, la Diosa del Matrimonio convirtió a Lamia en un monstruo que asesinó a sus propios hijos, aunque otras historias dicen que la pena de saber que los había matado es lo que la transformó en la bestia de la que hablamos.

Pero no quedando del todo contenta, además de ello Hera determinó que Lamia nunca pudiera olvidar sus pecados, maldiciéndola a ver una y otra vez el asesinato de sus hijos cuando cerraba los ojos.

Zeus, compasivo, le procuró una cierta tranquillidad a la reina posibilitándola que pudiera sacarse sus propios ojos para descansar, debiéndoselos poner después.

El problema de Lamia, lo que la convirtió en un monstruo recurrente en Grecia y Roma, usado por las madres para asustar a los niños traviesos, es que sentía envidia de los hijos de otras mujeres, por lo que los devoraba sin piedad.

Aunque es un personaje porpular en ambas mitologías, debemos decir que será en Roma donde dé un giro algo diferente. Aunque nunca dejó de ser un personaje utilizado para asustar niños, lo cierto es que se la dieron atributos mucho más atrayente para los adultos del género masculino. Comenzó a considerársela no como monstruos horribles, sino como mujeres bellísimas y seductoras que atraían viajeros y, en general, a toda clase de hombres para después comérselos.

Al las lamias se las asocia en ocasiones con las Empusas, también de la mitología griega. Estas últimas son criaturas del Hades que fielmente acompañan a la diosa Hécate y que guardan las lindes del Reino del Dios del Inframundo. Su característica fundamental es el don de cambiar su propia forma.

A las empusas les gusta pasear por paisajes sin gente a la luz de la luna llena y, si se transforman en mujeres, se las reconoce por ser de bronce una de sus piernas.

Este personaje dio nombre también a otras criaturas diferentes: Eran estos pequeños monstruos propios de África con cuerpo humano de cintura para arriba, que atraían a los viajeros con un cierto siseo o enseñándoles los pechos para devorarlos.

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(La Lamia de la mitología griega y romana)

Pero la mitología griega y romana no son las únicas que reconocen criaturas con este nombre.

En las historias búlgaras, las lamias son criaturas a las que les crecen varias cabezas, muy al estilo de la famosa Hydra de Lerna.

El folclore Íbero y Vasco reconoce a las lamias como criaturas con cola de pez, pies de ave y garras, de extraordinaria belleza o, también, como entes mitad mujeres y mitad pez.

Son benéficas, nunca malignas aunque puedan llegar a maldecir si se las enfada, y moran en las fuentes y los ríos. La única formas de hacerlas enfadar es robándolas su peina de oro (al igual que ocurre con las sirenas nórdicas). Incluso, pueden enamorarse de hombre, pero nunca casarse con ellos pues no pueden pisar terreno consagrado... Ahora que lo pienso, eso ya no es mucho problema ¡¡Lamias del mundo!! ¡¡A los ayuntamientos y juzgados si queréis casaros!!

A veces, a estas lamias se las une con la leyenda de "La Encantada" de la que hablaremos otro día.

Por último, similares a las lamias, tenemos las Naga de la mitología Hindú, pero de eso ya hablaremos en "El Sagrado Bayán".

1 comentario:

Nancy Callahan dijo...

Sí, las lamias también las conocía por la mitología vasca...

¿Se puede decir que son algo así como las antecesoras de las sirenas? ¿O las sirenas en sí? Eso no me ha quedado muy claro...^^"