sábado, 27 de septiembre de 2008

Venecia I: Del avión al barco.

Hoy estaba aburrida, haciendo un huequito para ver fotos y limpiar el ordenador, cuando me he topado con la carpetilla de las que hemos hecho este verano ¡Ah! ¡Me ha entrado morriña!
Quiero volver de nuevo... por el viaje en sí, por los lugares que visité pero, sobre todo, por la compañía.
Mientras se me hacía un nudillo en la garganta acordándome de todo, me ha venido también a la memoria una frasecilla que me dice Saga-kun todos los días: "¿Cuándo vas a subir las entradas de nuestro viaje?"
Chiquitín, aquí tienes la primera que está dedicada a tu dorada persona... of course.

Lo siento por el resto, que no tendrá más remedio que leer las venturas y desventuras de esta parejilla por tierras italianas, croatas y griegas... ¡¡Viajazo sin duda!! ¡¡Demasiado para mi cuerpo!!
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Como muchos de vosotros sabréis, mi Saguis se empeñó en que nuestro viaje veraniego de este año tenía que ser especial de verdad y decidió que un crucerillo sería la mejor opción. Mis súplicas ante tal despliegue de euros quedó acallada por su "yo quiero montar en barco" y, al final, me dejé arrastrar contra mi voluntad (no me lo creo ni yo) a la agencia de viajes de El Corte Inglés.
La verdad es que no tuvieron que guiarnos demasiado, pues habíamos hecho una búsqueda internetera intensiva y sabíamos bien lo que queríamos, además de contar con mi experiencia añadida en estos temas. Sin dudarlo, pedimos un crucero Pullmantur.
¿Por qué? Supongo que, casi al 100 %, nos decidimos por esta compañía porque yo ya había hecho un crucero anterior cuando acabé la carrera, El Brisas del Mediterráneo, con óptimo resultado.
Evidentemente, este quedaba descartado porque estaba muy reciente en mi memoria y estábamos dudando entre Joyas del Mediterráneo, similar al primero pero con un recorrido distinto, y uno que estábamos casi seguros que no haríamos, por el precio; Rondó Veneciano.
Tras consultarlo con la agencia, nos dimos cuenta de que el desfase de precio entre uno y otro, tras haber añadido al Joyas el avión que no iba incluido, no era tan grande y, puesto que el recorrido era mucho más atractivo, tras discutir como un minuto nos decidimos extrañamente por el que no íbamos a hacer.

Paso el tiempo y llegó el día del viaje.
En la agencia nos habían informado ya de que en Pullmantur air (este crucero sí incluye el avión con la misma compañía) el embarque debía hacerse con cuatro horas de antelación y añadieron que si estábamos antes mejor. No entendimos muy bien el porqué de tanta hora de espera, pero nos pertrechamos con la Nintendo DS para hacerla más soportable y entre eso y las vueltecillas por las tiendas de la terminal no nos aburrimos en absoluto.
Total, madrugamos y fuimos a la Terminal 1 de Barajas, desde donde opera la compañía, para facturar.
Nosotros, ya que hacíamos un viaje en condiciones, decidimos "empapelar" allí la maleta, más que nada para protegerla de los golpes y posibles aperturas no deseadas por parte de algún mangante, que siempre hay alguno. No es excesivamente caro, pero esto ya entra dentro del ámbito de cada uno.
Llegamos antes de esas cuatro horas y, aún así, ya había cola en el mostrador, pero nada como lo que se formó cinco minutos después de llegar nosotros. En ese momento entendimos el porqué de la recomendación de la agencia.
La verdad es que está bastante bien organizado en Barajas. Antes de llegar al mostrador, empleados de Pullmantur te reciben y dan una pegatina para poner en la maleta en la que se pone el nombre y el camarote designado. Esto es debido a que, una vez que llegas al autobús en el aeropuerto de destino, te olvidas de ella y es enviada por los operarios a tu habitación.
También, como en otras compañías, te facilitan otra pegatina para, si lo deseas, poner la dirección de origen en caso de pérdida.
Además, tienen varios mostradores, además de uno para los pasajeros bussiness class, por lo que aunque hay bastante cola, y alguno mete tanta ropa en la maleta que tiene que hacer un apaño allí mismo para facturar, esta se despeja rápido.
Allí tuvimos la primera sorpresa del día.

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(Avión maravilloso... Evidentemente, la foto no es mía... Jajaja!)

Mientras facturábamos, si bien vi como la señorita nos ponía en la maleta una pegatina confort class, la verdad es que no caí en la cuenta de que nos habían cambiado de categoría, pues estaba segura de ir en turista a raíz de nuestra conversación con El Corte Inglés. El cachondeo llegó cuando, tras darnos los billetes, Saga me dijo que comprobara que eran asientos al lado de otro y vi que nos habían dado la letra A y la C.
Claro, como toda paletilla que nunca ha viajado en tales condiciones, me acerqué de nuevo a la señorita y la dije "Disculpe, creo que se ha confundido. Nos ha dado un sillón A y otro C ¿No estamos juntos?" A lo que ella me miró como si me hubieran crecido dos cabezas y me contestó "En Confort Class no hay asiento en medio".
Me di la vuelta y no refuté nada... ¿Quién soy yo para decir nada ante un cambio a mejor en mi viaje? Simplemente me fui a la entrada a pasar el control policial.
Aquí tuvimos un leve problemilla. Mi niño tiene cara de dominador mundial y, si añadimos una gran cantidad de aparatos electrónicos en su mochila que no dejaban ver qué había debajo, nos da como resultado una apertura mochilera en toda regla, con guantes de látex por parte del hombre del detector, y el cachondeo de esta malvada mujer que os escribe y del miembro de la Benemérita que tenía al lado.
Después, fue el momento de tomar el sol en la cafetería de la terminal, con achicharramiento por falta de sitios a la sombra, mientras tomábamos un sandwich, paseíto a la tienda de prensa para comprar el jueves, que no puede faltar en nuestros viajes, y a la tienda dutty free para cotillear y comprar Kinder y Oreos.
Lo dicho, el tiempo se nos pasó volando entre que lo ya expuesto y varias batallas conjuntas con Naruto y Bleach gracias a Santa Nintendo DS, la primera consola de pantalla táctil y mi más preciado bien. (Confieso que a veces me parece azul y no verde agua... Muajajaja!!!)
Y nos llegó el momento de embarcar sacando el pasaporte (al ir el crucero por aguas internacionales, aunque no se salga de Europa es obligatorio) y la tarjeta de embarque. Nos montamos en el autobús y fuimos hacia ese pedazo de bicho que era nuestro avión. Por el camino tuvimos una mala experiencia viendo varias de las maletas (las nuestra no, gracias a la pegatina confort) por ahí por la pista y con la subsiguiente llamada de atención por parte de nuestro conductor a los que tenían que llevarlas sanas y salvas.

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(Asientos pijos del avión. Estos son de la fila central, los nuestros eran sólo dos con sus dos ventanillitas.)


Volviendo al avión... era un pedazo de Boing 747 400 (me quedé con la coplilla del número) de dos pisos. Además, nosotros íbamos en unos pedazo de asientos de cuero en el que cabían dos Pandoras, que se podían tumbar casi totalmente y, además, tenían reposa piernas que subía automáticamente a gusto del consumidor. El espacio entre asientos no tenía nada que ver con los normales y en el respaldo del asiento delantero tenían una pantalla que, aunque a la ida no estaba encendida, descubrimos que servía para darte la posición exacta del avión según donde pasáramos.
Reconozco, aunque todos los sabéis, que tengo miedo a volar forjado tras varios viajes nada buenos en avión (que han resultado con la tacha de mi lista de una compañía y el resquemor hacia otra, aunque lo de Olimpic fue más el susto de no saber qué decía el piloto griego durante las turbulencias y el cansancio del viaje.) Así pues, como podéis imaginar, para mi no era muy placentero montarme en avión y me puso también algo nerviosa el tour que nos hizo el piloto hasta la pista de despegue. Es que, aunque salíamos de la T1, el avión despegó de las nuevas pistas de la T4.
Pero no tenía más narices que aguantarme, clavar las uñas en el reposa brazos o en Saga y esperar a que el avión llegara a la altitud indicada para que se pusiera en horizontal. Por extraño que parezca, sólo me da miedo despegar y, a veces, aterrizar.
La verdad es que los tripulantes de cabina (azafat@s, para que nos entendamos) fueron super-atentos y no hay nada que decir a este respecto. Al estar en Confort nos dieron a elegir prensa (Periódico para Saga y el Hola para mi ;) ), nos dieron bebida para que estuviéramos cómodos, la comida (ensalada con rulo de cabra, bebida y kitkat de postre) y el café. Todo sin coste adicional, que en Turista les cobraban el bocadillo.

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(Respaldos de los sillones con la pantallita de marras en la que te daban toda clase de informaciones, incluyendo las de la hora de llegada y el tiempo en el destino, además de altitud, viento, lugar que se sobrevolaba, etc.)

El aterrizaje genial. Al contrario que con el despegue, que sí pasé miedín tontamente, el aterrizaje fue perfecto. Ni una vibración de más, ni un frenazo... todo genial.
Y así llegamos al Aeropuerto Marco Polo de Venecia. Otra de las ventajas del Bussiness Class es que las maletas salen las primeras. Sí, sí... lo tienen en cuenta, así que la cogimos, fuimos al autobús que nos llevaba al barco y ya nos olvidamos de ellas, como os dije antes.
Lo peor, nada más llegar te hacen elegir excursiones porque nuestro vuelo era el último en llegar y había una de Venecia de noche y había que coger la del día siguiente y la de Croacia. Pero no había más remedio.
En el puerto, te hacen el primer recibimientos y te dan la tarjeta para entrar al barco. Es imprescindible pues si entras o sales se pasa por un detector y deja anotado si estás o no en el barco, por si se llega tarde hacer un par de avisos antes de zarpar sin ti (una putada).
Además, si no vinculas esa tarjeta a una tarjeta de crédito, pues va a servir para comprar en el barco recuerdos y las excursiones y para que cobren las propinas, hay que abrir un depósito allí a tal efecto. La tarjeta es mucho más cómoda porque no tienes que andar mirando los gastos, aunque dentro del barco son pocos, ya que Pullmantur tiene la modalidad del "Todo Incluido" y no hay que comprar apenas nada (recuerdos, si quieres una bebida especial que no se incluya y las preceptivas propinas que, si bien no son baratas, se las ganan de sobra a base de atención al cliente.) y porque no hay que cerrar ninguna factura antes de desembarcar al ir directamente a tu cuenta.
Ahí tuvimos un miniproblema, ya que el chico se empeñó en que mi tarjeta era 4B y no Mastercard, pero tras preguntar a su jefe y asegurarle yo que en el Brisas me la habían aceptado, aceptó hacer una prueba y... ¡Voilet! ¡Servía!
Además, te miran de nuevo el pasaporte, comprobando que no sea falso, y te hacen una foto con esos pelos que llevas y la cara de cansancio, momento que aprovechó el chico para intentar ligar con mi Saga... ¡¡Yo le vi primero!!

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(Foto de nuestro barco. La regalaban junto a la del Capitán y la de la Cena de Gala.)


Nada más salir te hacen la preceptiva foto con las banderas del barco, la italiana y la española, además de un ancla, que no compramos por la cara de muertos que teníamos, y embarcamos. Allí, un camarero se asegura de llevarte a tu habitación, así como de coger algún bulto pesado si no se ha dejado con la maleta. A Saguis le llevó la mochila, pero mi niño no es tan caballeroso como parece y no fue capaz de llevar la mía. Por supuesto, aún está siendo castigado apropiadamente.
La habitación era una pasada. Cuando la contratamos nos tuvimos que conformar con una exterior, aunque nosotros queríamos la interior por ser más barata, y pensábamos que tendría un ojo de buey... ¡De eso nada! ¡Era una pedazo de ventana! Nuestro suelo era de moquetita, teníamos un escritorio, una mesita de cristal con una hielera siempre fría gracias a nuestro camarero de habitación (Jesús era un crack.) y el cuarto de baño con ducha y todos los productos capilares y para la piel necesarios (además de pañuelos de papel.) En el armario, además de las perchas, teníamos las toallas para la piscina.
Armarios y cajones tenían cierre de seguridad, por si había marejada no comértelos innecesariamente.

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(La Ventana Maravillosa desde la que veíamos tooodo todito, incluyendo los vaporetos venecianos, más conocidos por nosotros como "pateras para turistas." por el gran número de personas que se subían a ellas.)

Cuando acabamos de poner la ropa en su lugar, nos fuimos a dar una vueltecilla por el barco. Además de los bares (tanto normales como pijísimos estilo inglés en los que se fumaban puros y se bebían whiskies de los caros) y el restaurante, claro está, teníamos casino, tiendas, sala de variedades con espectáculo todas las noches, tiendas, hospital, gimnasio, spa de belleza, el self service abierto a todas horas del día, un grill, la piscina y sus bares y tres jacuzzi. Seguro que se me olvida algo, pero no tengo memoria para todo.
Además del camarero de camarote, asignado para todo el viaje, durante la cena siempre tenías el mismo maitre y camarero, que te atendían estupendamente. Nuestro fallo es que, aunque habíamos pedido segundo turno de cena, que empezaba a las 10.30, nos dieron el primero a las 8.30, por lo que no tuvimos tiempo para dar una vuelta por Venecia ese día, además de que estábamos demasiado cansados como para hacerlo después de cenar. Así pues, el resumen de nuestra visita a la ciudad será contado en el siguiente post.

Conclusión: Sigo recomendando a todo el que quiera hacer un crucero que lo haga con Pullmantur, pues a mi personalmente nunca me han dado ningún problema y el traro siempre ha sido inmejorable. Además, tanto los barcos como los aviones me parecieron en perfectas condiciones y, al menos en el barco, podíamos ver el mantenimiento siempre que fondeábamos en el puerto. A todo ello se le añade la ventaja del "Todo Incluido" que ya os he dicho.

Espero no haberos aburrido mucho.
Mordiscos.

8 comentarios:

Isra dijo...

se me caen los lagrimones de recordar...hay que ahorrar para volver lo antes posible...y no hay nadie mejor con quien repetir una cosa de estas. (i love you)
Eso si, un superviaje de estos tiene un inconveniente y muy grande...la vuelta!!!! (jamas una vuelta de vacaciones habia sido tan dura)

Pandora dijo...

Pos si vieras el que he cotilleado en grecotours... ¡¡babas!! ¡¡babas!!

Ahorremos para dentro de unos cuantos años volver (Italia primero, ¿no?)

Isra dijo...

primero donde tu quieras, ¿italia?, pues italia, no hay problema, pero este año de pobretones que hay que recuperarse jejejeje

Kardis dijo...

Ains... -copiando la frase de una propaganda- "La envidia me corroe sister".

¡¡Menudos asientos!! También recuerdo que me contasteis lo bueno que era el servicio con lo de aire y demás.

Besitos.

Si aceptas peticiones... Quiero ver esa isla que a ti y a mi nos gustan (sube fotitos y cuentanos más que teneis muy buenas anedoctas).

Ciaaaaaoooooo...

Kardis dijo...

Ah!!! Tu blog no me permitía aceder estos días... MAMI no quiere que aparezca por su casa... snifff... se lo voy a decir a la tita Syb.

Pandora dijo...

Mami te quiere mucho, cariño, pero es que si no te llevas las llaves ni aprendes la contraseña de la alarma no es mi culpa... Muajajaja!!

Sep, lo del aire acondicionado fue la caña. Sólo decir que se hoy un poco y ya lo arreglaron... pero eso es de la próxima entrada.

No te preocupes, que no dejaré títere con cabeza y tendrás más entradas con anécdotas.

Nancy Callahan dijo...

uhm...¿no has pensado crear un blog aleternativo en el que colgar todas estas aventuras? No sé, estaría mucho más ordenado y los viajes tendrían su crónica correspondiente ^^"

Pandora dijo...

¿Otro blog más? ¡¡Jajajaja!!
Creo que tres son mi límite... Pero nunca se sabe.