domingo, 8 de junio de 2008

El Oráculo de Delfos

Pues bien, después de un largo descanso de mis idas y venidas viajeras, y puesto que he encontrado un ratillo libre para poner mi mente en blanco y pensar en otras cosas que no sean la maldita oposición, voy a volver a la carga con lo mío.

Espero que disfrutéis de mis chorradas y demás.

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A la mañana siguiente de los hechos narrados la última vez que me dio por hablar de este viaje, me levanté igual de molida que el día anterior ¿Por qué? Pues porque no contenta con no haber dormido la primera noche que llegué al hotel, la noche de autos, es decir la posterior, se me ocurrió que sería una buena idea vestirme después de cenar y salir de marcha por ahí.

He de decir que esta vez lo profesores si nos hicieron algo de caso y nos llevaron a una bonita discoteca de turistas al ladito de la Plaza Sintagma, donde quedaron en recogernos a las tres de la mañana, en la que Pandora se tomó una coca cola (yo con eso ya me dopo, no necesito más.) y se subió a una mesa a bailar mientras Hellen hacía lo propio en el sillón de al lado.


En mi defensa diré que éramos la única excursión que había, salvo unos alemanes que le daban a la cerveza en la barra, y que nos ponían bailes tales como “La Copa de la Vida” en inglés y le resto de grandes hits del momento, que no dudábamos en cantar en español (¡Faltaba más!) a voz en grito. Luego la juerga siguió por las calles desiertas, cosa rara teniendo en cuenta cómo estaba a las diez de la noche, donde gritábamos, que eso ya no era cantar, “Eva María se fue buscando el sol en la playa…” bajo la atenta mirada de los trabajadores de las rotondas y de los policías de la comisaría cercana al hotel, que tuvieron la deferencia de reírse un rato en vez de detenernos por escándalo público.


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(Reconstrucción del Santuario de Defos. Museo de Delfos.)

Debido a todo ello, cuando bajé a desayunar no es que tuviera muchas ganas de juerga. Me comí rápidamente mi yogur mazacote y mi cruasán y me monté en el autobús sin más ni más.

Cogimos un buen sitio en el bus de dos plantas justo arriba con todo el cristal panorámico para nosotras solas. Lo bueno era que lo veíamos todo, lo malo eso mismo… ¡Madre mía que conducción temeraria la de los griegos!

En la autovía, fuera cual fuera su nombre, que yo de griego nasti de plasti, todo era bonito, la velocidad no era mucha y no daba cosilla. Íbamos relajaditas y tal. Después en la carretera seguimos con nuestras risas, hasta que lo vimos… Frente a nosotras con un par de… un señor turismo se puso a adelantar a un camión a sabiendas (es difícil no ver un autobús y más si es de dos plantas) que nosotros veníamos de frente. Sin comentarios ante tal cosa. Fue entonces cuando descubrimos porqué las carreteras de doble sentido tenían esos pedazo de arcenes. Tanto el autobús como el camión, sin arrugarse un pelo y sin darle una señora pitada al desgraciado al que dieron el carnet en una tómbola, se fueron al arcén y siguieron viaje como si fuera lo más normal del mundo. De nuevo no comments.

Después de tan traumática experiencia, aunque tampoco es que armásemos revuelo alguno, seguimos viaje por carreteras cada vez más estrechas y subiendo poco a poco una bonita montaña. Al parecer a Apolo no se le ocurrió más cosa que poner su Santuario y Oráculo a tomar por saco sobre unos peñascos y teníamos que llegar hasta allí. Cuando llegamos al pueblito anterior al Santuario, que por cierto estaba bastante lejos de éste, volvimos a tener otra experiencia automovilística, aunque esta vez sin causa de conductor alguno, sino del delineante al que se le ocurrió hacer una curva cerrada y estrecha en aquel pueblo, rodeada de casas, que nos hubiera dado la oportunidad de, además de comer coche si hubiera venido, poder saludar a cualquiera de los habitantes de la casa que estaba en el lugar, pues la ventana estaba allí mismo.

Volvamos a Apolo y su Santuario. Justo durante el trayecto que he narrado, a Elena se le ocurrió iluminar mi pequeño cerebro absorbido por tangentes, integrales, volcanes y demás cosas de ciencias, contándome la historia de Apolo y Dafne.

¿Quiénes?- Pregunté yo cometiendo sacrilegio… Si tuviera la oportunidad de volver en el tiempo me abofetearía por haber olvidado una de mis grandes pasiones; la mitología. Pero como no puedo me libraré del golpe.

Quedé absolutamente enamorada del Dios de la Luz y de la desgraciada ninfa, poniendo a Zeus por testigo de que una figurita suya sería mía aunque fuera lo último que hiciera en Grecia. Además, consiguió que mis fuerzas volvieran a mí ser y me preparase para toda la sabiduría que la guía me quisiera impartir. Así bajé de feliz del autobús y me encaminé, en primer lugar, al museo de Delfos

¡Ah! ¡Qué fácil veía yo en ese momento el disfrutar de la excursión! Después salí de allí, vi las cuestas y las miles de escaleras hasta llegar al Templo y me arrepentí de haber dicho que no dejaría una piedra sin ver.

Seguro que pensáis que no sería para tanto. Pongámoslo así: ¿Recordáis los millones de escaleras que Kurumada les hacía subir a los Caballeros del Zodiaco en el Santuario? Estoy absolutamente convencida de que sacó la idea de Delfos ¡Plagió al arquitecto del lugar! Como comprenderéis, después de que Hermes se negara a prestarme sus sandalias aladas, volví a maldecir a Febo por la brillante idea de elegir tal lugar para su Oráculo.

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(Vía Sacra de Delfos, más conocida como las "puñeteras" escaleras que inspiraron las del Santuario en Saint Seiya.)

MODO GUÍA ON.

Bueno, hago un breve inciso para explicar un poco la orografía, la historia y el mito relacionado con el Santuario.

Nada más entrar, encontramos el lugar en el que los comerciantes, que eran tan avispados como ahora, mantenían las víctimas para el Dios. Es decir, en esa zona se compraban los sacrificios, ya fueran aves, corderos, terneros o lo que le apeteciera al Dios y pudiera pagar el oferente, y que debía subir hasta el Templo.

Las escaleras y cuestas comienzan precisamente allí y suben haciendo zigzag por los lugares donde se supone estaban los Tesoros de las diversas Polis, aunque sólo tenemos de exponente el de Atenas, pues los otros se han perdido. Los “Tesoros” eran pequeños templos erigidos por las ciudades-estado en las que guardaban todo objeto precioso que donaran al Dios a cambio de sus favores o como pago por haberles sido propicio. Solían ser trípodes y ornamentos, aunque también podían incluirse las armas de los ejércitos a los que la polis hubiera vencido.

Subiendo aún más se llega a lo que queda del Templo del Dios, en el que los sacerdotes interpretaban de forma ambigua, dejando lugar a todas las dudas posibles, los gritos que hubieran salido de la boca de la sibila como respuesta a la pregunta que se hubiera planteado. La sacerdotisa entraba en trance en el lugar más interno del templo, sentada en un trípode, gracias a los vapores sulfúricos que se emanan naturalmente en el lugar. No había más misterio, colocaban a la sacerdotisa, esta gritaba incoherencias, el sacerdote salía al lugar en el que se encontraba aquel que había pedido los favores del Dios y le planteaba una respuesta ambigua tal como; “Dependerá de tu fuerza que ganes la guerra” Si el hombre se creía un Hércules se iba convencido de que ganaría, en caso contrario no se arriesgaba a luchar y pactaba. Lo bueno era que si luchaba y perdía, no podía pedirle cuentas a Apolo, pues el sacerdote siempre alegaba que había malinterpretado el designio divino.

Se puede encontrar más arriba (Sí, las escaleras no acaban en el Templo ¡Qué os creíais!) el Ombligo del Mundo (No es coña, es una roca con “forma” de ombligo. Los griegos creían que Delfos era el centro del mundo) y el anfiteatro y el estadio en el que se realizaban los juegos en honor de Apolo.

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(Parte delantera del Tesoro de Atenas en el Santuario de Delfos.)

En cuanto al Mito del Santuario debo decir que éste no siempre perteneció a Apolo y no era sólo él el que podía ser escuchado en el lugar. Apolo nació en la Isla de Delos, que se encuentra justo en línea recta a Delfos, de la cual salió en los lomos de un Delfín. Cuando éste le llevó hasta tierra, el Dios se puso a caminar encontrando el Santuario Pitio en honor a su abuela Gea, pero ya sabemos que los Dioses no tenían mucho respeto hacia sus mayores. Apolo, que era también oracular, decidió quedarse el lugar para él, para lo cual asesinó al guardián la serpiente “Pitón”. Después se instaló allí y cambió de nombre al Santuario en honor al delfín que lo ayudo, pasando éste a ser “Delfos”. De hecho, en honor a esta leyenda, a la Sacerdotisa se la denominaba Pythia.

Por tanto, en el lugar podían dar sus vaticinios Gea, sus hijas titánides Phoebe y Themis, Apolo y su hermano Hermes. No obstante, era Apolo el Dios predominante y más querido por su acierto.

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(Templo de Apolo en el Santuario de Delfos.)

MODE GUIA OFF.

Después de morirme para subir hasta el Templo (eso que ni fumaba ni tenía asma) resultó que aún teníamos que seguir subiendo más… Había que llegar al Anfiteatro y al Estadio. Con el odio en mi mente seguí al personal y disfruté de ambos lugares. Probablemente si fuera ahora, saltaría como las cabras de piedra en piedra gritando a todo el que me quisiera oír que no pienso dejar piedra sin ver.

La bajada se me hizo más amena, o eso pienso yo porque no recuerdo incidente alguno.

Para mi alivio de entonces y mi mal humor actual, de allí salimos directamente a comer sin parar en la Fuente de Castalia. Esta leyenda no os la relato, que ya hablaré de ella cuando haga la entrada en el blog sobre Apolo.



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(Estadio del Santuario de Delfos.)

Comimos bastante bien, en un restaurante familiar en el que nos pusieron ensalada con yogur, yo en ese momento no me hubiera imaginado que pudiera aliñarse nada con él, espaguetis y pollo asado… Nada del otro mundo, vamos.

Al menos nos tocó el camarero simpático que hablaba español, con las risas que provocó el que llamara “niño gordo” a nuestro compañero cuando pidió repetir por tercera vez. Parecía que le hubiéramos tenido una semana sin comer.

Tras ello, volvimos a Atenas a seguir con nuestra vida nocturna que consistía en cenar, vestirnos y salir de marcha. Al igual que el día anterior pasamos corriendo la Plaza Omonia, que a las diez estaba llena de gente muy rara en aquel entonces, fundamentalmente chicas y chicos de vida alegre, nos encaminamos a Sintagma y nos lo pasamos estupendamente en la discoteca para turistas. Allí volvimos a coincidir con los alemanes que sólo hacían “jarring”, es decir, levantamiento de jarra de cerveza en la barra, volvimos a pedir canciones de Riqui Martin para cantarlas en español subidos a las mesas y volvimos con nuestra melodía a las tres de la mañana haciendo las delicias de los obreros y los policías, que ya la tercera noche parecían esperarnos ansiosos en la puerta ¡Es que las guardias son muy largas y aburridas!

Y colorín colorado, ¡Por ahora hemos acabado!

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(Fuente de Castalia. Delfos. Esta es la única foto que no he hecho yo misma.)

Si queréis ver más fotos de las que he subido, sólo tenéis que ir al menú superior, entrar en dagerotipos y ¡¡voilet!! Están todos los de Delfos. A ver si tengo tiempo un día de estos y termino de escanear los de Egina, Poros, Hydra y Cabo Sounion. Esas, por tanto, las subiré próximamente.

Para finalizar, vamos a aprender un poco de griego… del idioma, claro.

  1. El Saludo es importante, así que vamos a aprender a decir hola. Si tu interlocutor es una persona se dice “yia su”, si son varias será “yia sas”
  2. Si te quieres interesas por alguien, lo suyo es preguntar ¿Cómo estás?, para lo que deberías decir “¿Ti kánis?”
  3. La educación nunca está de más, así que es necesario aprender ciertas cosas como buenos días, buenas tardes o buenas noches. Esto respectivamente sería “kaliméra”, “kalispéra” o “kaliníjta”.
  4. Para afirmar o negar debes decir “ne”, que aunque suene raro es sí, u oji, que es no.
  5. Para dar las gracias se dice “efjaristó”, mientras que de nada es “parakaló” ¡Ojo! Esta última palabra también se utiliza para decir “por favor”.
  6. Por supuesto, una de las cosas que cualquier turista hace es ir de compras. En ese momento saber preguntar cuando vale algo es importante. Para ello se utiliza “¿Póso káni?” que significa “¿Cuánto vale?”
  7. Para pedir entradas se dice “Dóste mu tría isitíria” que significa “Deme tres entradas” Evidentemente, tría se sustituye por el número deseado.
  8. Hablando de números, os voy a enseñar a contar del uno al diez: ena (1), dio (2), tría (3), tésera (4), pende (5), exi (6), eptá (7), octó (8), enea (9) y deca (10).
  9. Los días de la semana son: deftera (lunes), triti (martes), tetarti (miércoles), pempti (jueves), paraskievi (viernes), sábato (sábado) y kiriakí (domingo).
  10. Por último vamos a aprender los meses del año: Yanuarios, februario, martios, aprilios, maios, yunios, yulios, aigustos, septembrios, octrobrios, moenbrios y dekembrios.

3 comentarios:

Carlos dijo...

Interesante post con diferentes partes.

La historia de las vivencias nocturnas ha estado curiosa, y el final, con las clases de griego básico, interesantes por si alguna vez nos da por visitar aquellas lejanas tierras helenas.

Isra dijo...

ha estado bien la entrada, y por lo que se ve el viaje dio de si jeje. Pero tranqui, que ya nos queda nada y menos para estar por ahi y ver muchas cositas, aunque ninguna como tu, que modelo se perdieron esos pardillos de los griegos jejeje

Andrómaca dijo...

¡Viva, viva, historias y fotitos de Delfos! Je, je, je, sabes que con este tipo de cositas -y con un Ferrero Rocher- me has conquistado.

Qué envidia me das, hija mía, menudo viaje de fin de curso te marcaste en su momento. A nosotros que no nos quisieron ni llevar a la Plaza de Cervantes, oye... Menudo asquito. Snif, snif. Si es que yo, en ese ámbito, he tenido muchísima mala suerte.

A ver si en algún momento de mi existencia consigo pisar -y disfrutar- tierras helenas. Aunque tengo tantos destinos apuntados en mi lista de hacer que no sé cómo me las voy a apañar para visitarlos todos.

Ciao!

PD: Gracias por el mini-diccionario que nos has proporcionado. Lo tendré en cuenta para posibles visitas, je, je, je...