jueves, 7 de febrero de 2008

Un paseíto por Atenas

Pues mientras estaba haciendo tiempo para el exámen (¡Sí, niños! Voy hoy, aunque no sé si pasaré antes de mañana.), he estado bicheando por mi blog y, como me apetecía montones evadirme me he puesto a mirar mis fotos del viajecito a Grecia. Me he parado un momento y me he dicho "Pando, ¿pusiste ya la segunda entrada?" ¡Oh!¡Sorpresa! Cuando he entrado el blog para cerciorarme, me he dado cuenta de que no. Así pues he decidido matar el tiempo (literalmente, que hoy estoy agresiva) subiendo esta entrada.

¡Here we go!

Como ya os conté en la entrada pasada, en la que os di una visión general de Grecia, estábamos tan fuera de nosotras mismas y emocionadas por el viaje, que no paramos de hablar en toda la noche. Además, habíamos prometido las tres, Elena, Bárbara y yo, que veríamos el amanecer griego desde nuestra ventana, aunque las vistas no eran muy allá. ¡¡Y lo conseguimos!! Nos quedamos despiertas toda la noche, marujeando a base de bien y contándonos tonterías…¡¡esa edad del pavo!! Ahora, probablemente me dormiría y me levantaría para verlo, pero eso sí, desde la azotea del hotel, que tenía una vista de la Acrópolis genial. Seamos sinceros, entonces no era un hotelazo, pero la azotea me tenía enamorada, sobre todo con la iluminación de todo el conjunto de ruinas ¡¡Era genial!!

Después de asomarnos a nuestra miniterraza, pues no cabía más que un pie y no se podía salir a ella, decidimos que, ya que quedaban quince minutos para que los profesores nos llamaran por teléfono para despertarnos, que podíamos descansarlos… ¡¡Mala idea!!

Efectivamente nos quedamos sopas nada más poner la cabeza en la almohada, pero cuando sonó el teléfono… Si hubiera sido yo la que le tuviese en la mesilla lo hubiera ignorado o tirado por el ventanal, pero, para nuestra desgracia, estaba en el territorio de Elena, que es una chica muy seria y nos tiró de la cama.

Tras levantarnos y ducharnos, bajamos a desayunar.

MODE CULINARIO ON:

El salón era grande pero, por falta de sueño o vaya usted a saber qué otra cosa, yo lo vi bastante pobre en comida. Sobre todo me sorprendió el enorme bol de 4 por 4 metros que tenía una montaña del tamaño del Olimpo, a escala, de una cosa blanca que yo, que no tenía la mente muy despejada, identifiqué con mayonesa. Me dije, ¿por qué los griegos usan tanta mayonesa para desayunar? Por supuesto, vosotros que estáis más despiertos de lo que yo estaba, habréis supuesto que aquello era yogur. El caso es que debido tanto a mi errónea percepción de la montañita como a la mosca pegada en su cumbre, cual Zeus descansando en su hogar, decidí cogerme un cruasán y leche. ¡Nuevo error! La leche parecía agua sucia y, además, estaba caliente (lo cual no suele sentar muy bien a mi tripita, yo soy de las de leche fría, del mismo frigorífico, nada de medias tintas, hasta en invierno), así que le metí una bolsita de té, probando por primera vez, y sin canela, el té americano.

Cuando me senté en la mesa que compartía con mis compañeras y otros tres viajeros más, me vi sorprendida ante la valentía de Germán que, obviando la mosca, sí se atrevió a hincarle el diente a un enorme tazón de lo que nos aseguró que era yogurt.

He de decir, que en otros desayunos yo también metí mano a este producto griego tan típico, al que habían desparasitado previamente, sintiendo en mis carnes el verdadero amargor del yogurt de allí. No teníamos miel, que hubiera sido perfecto, así que nos conformamos con echar toneladas de azúcar. Creedme que no exagero cuando os digo que pasábamos de ir por cucharadas y volcábamos el recipiente entero sobre el yogur.

MODE CULINARIO OFF.

Cuando llegó la hora fijada, salimos a la recepción y comenzamos a caminar en fila india, como en las excursiones del colegio, hacia la Plaza Omonia para, desde allí, dirigirnos a la Acrópolis. Me sorprendió bastante el cambio que había dado el lugar, que a esas horas parecía, incluso, decente. Entonces la vimos, coronando toda la ciudad… la Acrópolis.


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(Vista aérea de la Acropolis)

Seguro que pensáis, “Pandora comenzó a llorar de emoción al saberse en el lugar donde nació la civilización occidental.” No niego que si lograse ir hoy lloraría por ello y me encadenaría, al más puro estilo “Pando en el coliseo”, para que nadie lograra moverme de allí, pero no fue así. Entonces, yo era más “de ciencias” y había olvidado mi anterior amor por la arqueología y la mitología ¡¡¿No es increíble?!! Si hasta me tuvieron que contar la historia de Apolo y Dafnis cuando iba hacia Delfos. Ains, que vergüenza…

Así pues lloraba, efectivamente, pero pensando en que, después de la jodida nochecita que había pasado, tenía que subir hasta ahí arriba.

Haciendo de tripas corazón, entre otras cosas porque no tenía más remedio, tomé aire, me envalentoné y seguí a Elena. No recuerdo mucho de la subida, salvo que sobreviví a ella, porque mi media neurona dejó de funcionar y yo andaba como una autómata siguiendo a la masa.


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(Parthenon)

Cuando llegamos, los profesores nos dieron las entradas, nos soltaron por el recinto para que campáramos a nuestras anchas, y nos dieron una hora límite de reunión, pues después iríamos a ver el museo de la Acrópolis. Sí, como habéis observado, los profesores, si bien se encargaban de nosotros, nos daban la mayor libertad posible. Al fin y al cabo algunos eran mayores de edad y a otro nos faltaba el canto de un duro para serlo.

Elena, Bárbara y yo entramos juntas y, como chicas responsables, comenzamos a andar por entre los edificios con cara de interés: “Mira el Partenón” “¡Oh, el Templo de Niké!”... Hasta que, por motivos que no recuerdo, Bárbara desapareció y quedamos las dos de siempre filosofando, cuan Aristóteles o Platón, como reconciliarla con los chicos. Es que la noche antes se habían cabreado y pensamos que, si habíamos ido hasta allí era para pasárnoslo bien y no para pelear, así que había que arreglar el entuerto para no sentirnos en medio de toda la marea de mala leche.

En mitad del plan de acción, que comenzó después de un sonoro “Guauuuu” tras sentirnos chiquitinas ante el Partenón (el edificio acompleja), me puse a saltar como loca gritando “¡¡El Erecteión!!¡¡Las Cariátides!! ¡¡Yo quiero una Cariátide!!”… No comments ante mi locura. De hecho he seguido saltando y gritando que quería una cariátide cada vez que veía una foto del Templo hasta que mi madre me trajo una de su viaje el verano pasado (la di la coña durante tres meses y se lo dejé escrito por si las moscas.) Ahora sólo salto con una risita estúpida cuando lo veo.

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(Erecteion)

También descubrimos, asomándose Elena, ya sabéis lo que me ocurre a mí si me asomo mucho a una altura considerable, el Anfiteatro de Dionisio. (Bueno, su nombre lo conozco ahora, allí, para nosotras, era; “ese Anfiteatro a caída de piedra desde la Acrópolis”.). Yo también me asomé, estoy orgullosa por ello, pero en mi caso agarrada a la pequeña barrera de piedra y rezando a todos los dioses para que no cediera y me metiera un aparatoso “ostiazo”.

Fue en ese momento de confusión mental cuando lancé al aire la teoría sobre la Acrópolis que me ha hecho famosa entre mis amistades y que avergonzaría a “la de los ojos grises”, Señora del lugar, y a cualquier Arqueólogo que me escuchara.

Para aquellos que no lo sepan, en la Acrópolis quedan en pie, fundamentalmente, tres edificios, habiéndose perdido por sucesivas desgracias (Sólo a un capullo se le ocurre hacer del Partenón un polvorín) monumentos como la Estatua colosal de Atenea que debía presidir el conjunto. Actualmente, como digo, se observa el Propileo, conocido como en Templo de Atenea Niké, el Partenón consagrado a Atenea Parthenos (que significa “sin parto” haciendo referencia a su virginidad) y el Erecteion. Invadida por lo visto en la ciudad, llena de Sex-shop, chaperos, prostitutas y tiendas de ropa hecha con poca tela, teniendo en cuenta lo descocados que eran los Dioses y con un cerebro fuera de cobertura, me planté ante Elena asegurándole que, en base a todo ello, sabía cual era el verdadero uso de la Acrópolis. El Propileo era la casa de citas homosexuales, muy al estilo del Batallón Sagrado de Tebas, el Partenón servía para espectáculos para mayores de dieciocho años y el Erecteion… No hacía falta imaginar mucho teniendo en cuenta el nombre y las columnas con forma de mujer. Sí, allí había otra clase de citas.

Ahora, después de enrojeceros con mi mente calenturienta y pidiendo que no me enviéis mails bomba o amenazantes (¡Era joven y no sabía lo que decía!), sigamos con el viajecín.


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(Cariátides. Erecteion)

Salimos ambas al lugar de encuentro quedando 5 minutos para la hora, que aprovechamos haciendo una belleza de fotos de la vista desde allí y que casi me cuesta la cabeza al bajar de una mini montaña a la que había subido con Elena no muy conforme (En realidad la gritaba: “¡¡No quiero subir, no me obligues!!¡¡Tengo vértigo!!¡¡Me vas a matar!!) .

Os contaría qué tal el museo de la Acrópolis, pero es que no me acuerdo (Pandora se agacha para no recibir los tomatazos), ahí dejé de sentir y mi cerebro no archivó las imágenes de lo que veía.

Cuando salimos de allí, nos dirigimos desde el barrio de Plaka hacia el centro de nuevo, eso sí después de perdernos por las calles de Atenas gracias a nuestro profesor de griego, alias “el que se guía por las estrellas” y “rompetechos”. Supongo que os imagináis porqué le llamábamos así. Lo cierto es que debía ser muy difícil guiarse por aquellas serpenteantes callejuelas cuando el mapa no estaba grabado en el cielo. En fin, que cuando llegamos a la zona cercana a Sintagma pudimos comer sentaditas y felices en un… ¿no lo adivináis?... ¡¡Bingo!! … en el McDonalds. Nunca una coca cola me supo mejor y me reanimó más.

Pero claro, nada dura eternamente y el descanso terminó. Seguimos con el palizón de andar de un lado para otro, que parecía que les habían puesto pilas duracell a los jodíos tutores.

Vimos el Parlamento, en la mismísima Plaza Sintagma, donde se encuentra el monumento al soldado desconocido, y el cambio de guardia que se hace cada hora. Yo, personalmente, en aquel instante supe que algunos lo estaban pasando peor que yo. Estar al solazo, a mitad de junio, con esos trajes de lana y unos pompones en los zapatos es peor castigo que estar recorriendo una gran ciudad sin haber pegado ojo. También conocimos el frescor del parque ateniense, una especie de “Gran Retiro”, y el “Estadio Panatinaiko”, que es el de ahora pero sin arreglar.


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(Parlamento. Plaza Sintagma)

Después, volvimos en trolebús al hotel. Para el que no lo sepa es un autobús eléctrico con un trole como el de los tranvías. En la parada, como los malvados adolescentes que éramos, nos reímos a mandíbula batiente, ahora no me hace gracia, por el intento de robo a nuestro profesor al que, mientras nos decía que no fuéramos paletos y no nos dejáramos robar, un niño de apenas diez años le rajaba su bolsita.

Diréis, estos se quedaron muertos en el hotel después de aquella paliza. Pues no, nos duchamos, cenamos hamburguesas, para variar, y, aunque suene increíble, nos marchamos de fiesta hasta las tres de la mañana.


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(Monumento al soldado desconocido y cambio de guardia)

Al principio nos acojonaba volver a esas horas por la Omonia, ya que a las once estaba lleno de prostitutas, chaperos y ladronzuelos, pero lo cierto es que a las tres los únicos despiertos éramos nosotros, los trabajadores de las rotondas (Atenas estaba empezando a incorporarlas en sus grandes plazas) y los policías de la comisaría cercana a nuestro hotel, que nos miraban como a extraterrestres y se reían cuando nos oían cantar a voz en grito “Eva María se fue buscando el sol en la playa…”

Así pues, a tan avanzada hora, nos fuimos a la cama, durmiéndonos en la caída, preparándonos para nuestra siguiente aventura: “El Oráculo de Delfos”.

Esta entrada, como todas las griegas, se la dedico a mi Saguis. Si queréis ver más fotos, sólo tenéis que pinchar de "Daguerotipos" y se os abrirá un menú desplegable. Por ahora sólo he subido parte de las de Grecia, ya que las otras aún no las he escaneado (entonces no tenía yo mi cámara digital), pero en breve estarán el resto y las de Italia (Of course!!!)

2 comentarios:

Kardis dijo...

Jop, que envidia, yo lo mas cerca que he estado de una ruinas griegas fue una visita en el insti a medio de la nada, Segroviga (con nuestros disgusto de por medio).

Que VERTIGO me has dado con lo de asomarse, yo no se, clavos las uñas en la piedra minima. Vuestro hotel había muchas moscas o era solo una que era la mascota??? (ju,ju,ju)

Besitos.

Anónimo dijo...

Confirmado...CADA DÍA ESCRIBO PEOR (y que desaparezcan a ratos letras no ayuda).