jueves, 22 de noviembre de 2007

Castañas Asadas.

¡Estrenamos categoría inédita, hijos de la noche!

Como ya sabéis, la dueña de este blog tiene múltiples vicios y realiza, a lo largo del día, infinidad de locuras que, mal entendidas, podrían llevarla al psiquiátrico ¡Bueno! ¡No dramaticemos! En realidad no estoy de atar... aún.
El caso es que necesitaba una nueva ventana a mis pensamientos y formas de pasar el rato, en solitario o en compañía de cualquiera de las furbies o diosas, fuera de "La Cripta", pues en realidad no voy a postear verdaderamente noticias relacionadas conmigo. Fue así como nació "La Caja de Pandora" en este mi castillo.

Vamos a comenzar nuestra andadura con uno de los mayores vicios que trae el invierno consigo, que bien podría ir en la "Guía Michelines": Las castañas asadas.
Sí, pequeñines. La vampira que aquí os informa tiene una fijación muy clara en invierno cuando pasea por la Plaza de Cervantes o cualquier otro lugar en el que los castañeros hacen su trabajo. Supongo que, en parte, este vicio viene ayudado de los recuerdos de tardes de paseo con mis padres, disfrutando de las luces navideñas, premiadas con este delicioso manjar que pelaba, pues yo no tenía mucho acierto, mi padre.
Así pues, ahora me veo arrastrada sin remedio, debido a mi olfato, que es muy fino para las cosas de manyar, a comerlas siempre que tengo ocasión.

Ya sabéis, si alguna vez quedáis conmigo y veis que me acerco sin remedio, como hechizada, a un castañero poneros a temblar, porque hasta que no me las acabe os haré pasar frío a la espera de poder entrar en un bar a calentaros.

Dedicatoria especial a mi tía la del pueblo, no es coña la frasecita, que me ha enviado una bolsa enorme de este rico producto que asamos en el horno siempre que es posible.

¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!

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1 comentario:

Sybelle dijo...

La verdad es que yo no soy muy de comerlas, pero tengo que reconocer que me encanta como huelen y, como bien dices, es lo que tienen los recuerdos.

Cuando percibo ese olorcillo, vuelvo a mi niñez en Córdoba, cuando iba a Modesta y allí, delante de la gran tienda de ropa, había situada un maxi-puesto de cstañas y otras cosas más. Muchas veces, la humareda era tal que apenas se veía a la gente... pero ese frío, esas tardes con mis abuelos parada delante del puesto y después junto a la tienda de juguetes de su mano... INOLVIDABLES.

Gracias por recordarmelo con esta entrada, Pando.

Un abrazo